Ser autónomo, sin cubrirse las espaldas, puede comportar muchos problemas.

junio 7, 2017 Escrito por David Cotillas - No hay comentarios

Los trabajadores por cuenta propia están desprotegidos delante del impago de facturas o el incumplimiento de contratos por parte de sus clientes o proveedores, por eso, es muy recomendable que se asesoren y sepan cómo reclamar lo que es suyo.

El peso de los autónomos en la economía española es cada vez más relevante y todo parece indicar que esta tendencia no va a cambiar. Sino todo lo contrario. Y es que, si bien es cierto que las cifras de paro han descendido hasta el 18,63% de la población activa -2,3 puntos menos que en 2015-, encontrar un trabajo bien remunerado por cuenta ajena continúa siendo muy difícil. Por eso, son muchos los que se decantan por el autoempleo, ya que lo ven como una manera de empezar a trabajar, facturar y –por qué no- dar forma a sus propios proyectos.

Eso sí, según la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos (ATA), este 2016, el aumento ha sido inferior al de años anteriores: 26.211 trabajadores autónomos más. Esta cifra está por debajo de los 42.192 autónomos nuevos que hubo en 2015, pero en nada empaña la tendencia alcista de los últimos años. Además, para ATA, es remarcable que los autónomos consiguieran generar 70.000 nuevos puestos de trabajo durante el ejercicio anterior. Por esta razón, desde la federación, piden que se haga un esfuerzo por apoyar el crecimiento de los autónomos y se cree un marco legal más estable y favorable para ellos, ya que –consideran- es uno de los sectores que más está impulsando la recuperación del empleo en España.

LOS RIESGOS DE SER AUTÓNOMO

Trabajar por cuenta propia tiene sus inconvenientes. El más común y conocido es el de contabilidad. Los trabajadores autónomos deben gestionarse ellos mismos las facturas y las declaraciones de IVA y el IRPF y esto obliga –en la mayoría de los casos- a contratar a un gestor para no tener problemas legales. Pero los problemas no acaban aquí, ni mucho menos. Están expuestos a eventualidades que pueden ponerlos en aprietos jurídicamente o hasta arriesgar su economía y la de su negocio. En este sentido, es recomendable que se asesoren y se cubran las espaldas con seguros a su medida, que les otorguen defensa jurídica delante de cualquier contratiempo. Sin duda, el principal miedo de los autónomos es no cobrar las facturas emitidas, cosa que les puede comportar pérdidas económicas importantes. Además pueden encontrarse con el agravante de tener que avanzar el pago del IVA en su declaración trimestral, aun y no haber cobrado la factura. Esta situación puede poner en riesgo viabilidad económica del autónomo y la de su empresa, si la tiene. Por todo ello, las compañías aseguradoras tienen productos que previenen al autónomo, precisamente, de las pérdidas financieras producidas por cualquier problema con empresas que haya contratado y, además, se hace cargo de todas las acciones judiciales y extrajudiciales que sean oportunas para reclamar las facturas impagadas u honorarios. De esta manera, el asegurado puede llevar su actividad tranquilamente, sin correr riesgos innecesarios.

En muchos casos, además, el trabajador no es consciente de los riesgos que corre hasta que no se encuentra con problemas. Es entonces, después del percance, cuando el autónomo se da cuenta de su grado de vulnerabilidad y en la mayoría de casos decide contratar un seguro o, si ya lo tiene, ampliar las garantías.

Los trabajadores por cuenta propia también pueden verse en aprietos por la demanda, denuncia o querella de un cliente insatisfecho. En estos casos, aun e ir a juicio y establecer la sentencia que el trabajo ha sido satisfactorio, el daño a la imagen ya está hecho. En esta situación, estos productos tienen una garantía que es la ‘reclamación a clientes por demandas, denuncias o querellas infundadas’.

Tener una póliza en vigor no tiene más que ventajas, aunque comporta –claro está- un coste añadido a los gastos que ya de por si soportan los autónomos. En este sentido, se debe considerar los seguros como; “una inversión y no un gasto” ya que, con ellos, el trabajador por cuenta propia puede centrarse en su trabajo y en el día a día sin tener que romperse la cabeza más de lo necesario en temas jurídicos.